40 días para volver al corazón.

El Miércoles de Ceniza abre un camino: cuarenta días para volver al corazón, para reencontrarnos con Dios sin máscaras, sin ruido, sin apariencias. Jesús, en este evangelio, nos invita a una revolución silenciosa: la revolución de lo escondido.

En un mundo donde todo se muestra, se publica y se mide por “likes”, Jesús nos recuerda que lo más verdadero ocurre donde nadie aplaude. La limosna, la oración y el ayuno no son gestos para exhibir, sino espacios de encuentro: con Dios, con los demás y con nosotros mismos.

  • “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”: Jesús nos propone una generosidad que no busca reconocimiento, sino transformar vidas desde la discreción.
  • “Entra en tu cuarto y ora a tu Padre en lo secreto”: En tiempos de hiperconexión, Él nos invita a la intimidad, a apagar el ruido para escuchar la voz que realmente importa.
  • “Perfúmate la cabeza y lávate la cara”: El ayuno no es tristeza ni dramatismo; es libertad interior, es elegir lo esencial, es recordar que no vivimos de pan solamente.

Hoy, este evangelio nos cuestiona con fuerza: ¿Qué parte de mi vida necesita volver a lo esencial? ¿Dónde busco aplausos en lugar de autenticidad? ¿Qué gestos puedo vivir en silencio para que Dios sea el protagonista?

La Cuaresma no es un peso, sino una oportunidad. Un tiempo para rasgar el corazón, como dice la primera lectura, y no la apariencia. Un tiempo para reconciliarnos, para sanar, para volver a empezar. (Crismon)

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“No he venido a abolir, sino a dar plenitud.”

Este fragmento del Sermón del Monte es uno de los más exigentes y luminosos del Evangelio. Jesús no rebaja la Ley; la lleva a su raíz más profunda: el corazón. No basta con evitar el mal externamente; se trata de transformar la intención, la mirada, la palabra, la relación.

Hoy, en un mundo saturado de prisas, polarización, juicios rápidos y vínculos frágiles, estas palabras suenan casi revolucionarias:

✦ 1. La plenitud frente a la superficialidad:  Jesús nos invita a ir más allá del mínimo indispensable. En tiempos donde lo “suficiente” parece bastar, Él propone una ética del corazón:

 No basta con no matar; hay que sanar la ira. No basta con no cometer adulterio; hay que purificar la mirada. No basta con no jurar en falso; hay que vivir en transparencia.

La plenitud que Jesús ofrece no es perfeccionismo, sino coherencia interior.

✦ 2. La reconciliación como prioridad espiritual:  “Ve primero a reconciliarte con tu hermano.” En una sociedad donde abundan los desencuentros —familiares, comunitarios, digitales— Jesús coloca la reconciliación por encima incluso del culto. Hoy, reconciliar es un acto profético:

  • Pedir perdón, escuchar sin defenderse, renunciar a la última palabra, reconstruir puentes.

✦ 3. La mirada que dignifica:  Jesús denuncia la mirada que reduce al otro a objeto. En un mundo donde la imagen se consume, se compara y se usa, Él nos llama a mirar como Dios mira: con respeto, con pureza, con asombro. La conversión de la mirada es una revolución silenciosa que transforma relaciones, comunidades y modos de amar.

✦ 4. El sí que es sí: En tiempos de discursos ambiguos, promesas vacías y palabras que se desgastan, Jesús nos invita a recuperar la fuerza del “sí” y del “no”. La transparencia es un acto de libertad y de amor. (Crismon)

Llévame a la plenitud

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“Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo

Este pasaje siempre me conmueve porque Jesús no dice “deben llegar a ser” sal y luz, sino “ya lo son”. Es una identidad, no una meta. Él reconoce en cada persona una capacidad profunda de transformar, preservar, iluminar y dar sabor a la vida de los demás.

Ser sal: La sal no llama la atención sobre sí misma; desaparece para que lo demás brille. Así es la vida cristiana: discreta, humilde, pero decisiva. Ser sal es: 

-Dar sabor a lo cotidiano con gestos pequeños de bondad.

-Conservar lo que es valioso: la fe, la esperanza, la dignidad humana.

-Evitar que el mundo se vuelva insípido por la indiferencia.

Ser luz: La luz no existe para sí misma; existe para que otros vean. Ser luz es:

– Mostrar caminos cuando otros están perdidos.

– Ser presencia que consuela, anima y orienta.

– Vivir de tal manera que nuestras obras hablen más que nuestras palabras.

Jesús no pide que seamos focos deslumbrantes, sino lámparas encendidas: constantes, cálidas, fieles. Una luz pequeña puede cambiar una habitación entera. (Crismon)

“Ser sal, ser luz”.

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Bienaventurados

El pasaje de Mateo 5,1‑12a es uno de los textos más luminosos del Evangelio. Jesús sube a la montaña —lugar de encuentro con Dios— y allí revela el corazón de su mensaje. No ofrece mandatos duros ni exigencias imposibles: ofrece un camino de felicidad. Pero es una felicidad que contradice la lógica del mundo y abre la puerta a la lógica del Reino.

Una mirada profunda

  • “Bienaventurados los pobres de espíritu”: Jesús no glorifica la miseria, sino la libertad interior. El pobre de espíritu es quien no se aferra a nada, quien deja espacio para Dios. Es la primera puerta del Reino: reconocer que lo necesitamos.
  • “Bienaventurados los que lloran”: Dios no es indiferente al sufrimiento. Jesús promete consuelo, pero un consuelo que nace de su cercanía, no de la evasión.
  • “Bienaventurados los mansos”: La mansedumbre no es debilidad; es fuerza contenida, es elegir la paz cuando podríamos imponer.
  • “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia”: No se trata solo de justicia social, sino de un corazón que desea lo que Dios desea.
  • “Bienaventurados los misericordiosos”: La misericordia es el rostro más reconocible del Padre. Quien la práctica se parece a Él.
  • “Bienaventurados los limpios de corazón”: Pureza no es perfección, sino transparencia: un corazón sin doblez, sin máscaras.
  • “Bienaventurados los que trabajan por la paz”: No basta desearla; hay que construirla, empezando por nuestras relaciones cotidianas.
  • “Bienaventurados los perseguidos por causa del bien”: Jesús no promete éxito, promete sentido. El Reino florece incluso en la contradicción.

Las Bienaventuranzas son, en realidad, un retrato de Jesús. Y también una invitación: “Sean como Yo”. No son un ideal inalcanzable, sino un camino de transformación. (Crismon)

“Bienaventurados”.

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