En este pasaje, Pedro pregunta a Jesús: «¿Cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano? ¿Hasta siete veces?» Jesús responde: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». Con esta respuesta, Jesús no propone una cantidad exacta, sino una actitud permanente de misericordia.
La parábola nos presenta a un siervo que debía una suma inmensa a su señor. Incapaz de pagar, recibe un perdón total y gratuito. Sin embargo, cuando encuentra a un compañero que le debe una cantidad mínima, se muestra duro e inflexible. Lo que había recibido como gracia no fue capaz de compartirlo con los demás.
Esta historia nos invita a mirar nuestra propia vida. Todos somos deudores del amor de Dios: hemos recibido perdón, paciencia, oportunidades nuevas y misericordia en innumerables ocasiones. Cuando olvidamos esto, nos volvemos exigentes con los errores ajenos y cerramos nuestro corazón a la compasión.
Perdonar no significa justificar el mal ni ignorar el dolor. Significa decidir no dejar que el resentimiento gobierne nuestra vida. Es abrir espacio para que la gracia de Dios sane nuestras heridas y transforme nuestras relaciones.
Jesús nos recuerda que el perdón cristiano nace de la experiencia de sentirnos amados y perdonados por Dios. Quien reconoce la inmensidad de la misericordia recibida encuentra la fuerza para ofrecer misericordia a los demás. (Crismon)
Para meditar
- ¿Hay alguna persona a la que me cuesta perdonar?
- ¿Reconozco cuánto me ha perdonado Dios a lo largo de mi vida?
- ¿Qué resentimiento necesito poner hoy en las manos del Señor?
En este pasaje, Jesús nos enseña el camino de la corrección fraterna, la reconciliación y el valor de la comunidad. No se trata de señalar los errores de los demás para condenarlos, sino de acercarnos con amor para ayudar a recuperar al hermano o hermana que se ha alejado.
El evangelio de este domingo nos sitúa en Cesarea de Filipo, un lugar fronterizo, mezcla de culturas y religiones. Allí, lejos de la seguridad de Galilea, Jesús hace la pregunta más decisiva: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Y luego, la pregunta que atraviesa el corazón: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”







